sábado, 26 de marzo de 2011

Devorando km argentinos

El Perito Moreno seguía igual de increíble que siempre. La única diferencia era el atraco a mano armada que había que pagar por ser extranjera, 5 veces más caro que los argentinos (cómo se come eso?!). Aquella brutalidad de la naturaleza seguía tan bonito como lo recordaba, y además nos ofreció tres caídas de paredes del glaciar brutales, con oleaje incluido. Es difícil no quedarse absorta mirándolo, y creo que quien no sienta nada al verlo, o crea que es un trozo de hielo (como nos llegaron a contar que unas personitas lo describieron tal cual)... creo que están muertos por dentro.


Espectacular Perito Moreno

Tras maravillarnos con el glaciar, proseguimos por última vez al país vecino, Chile, para poder disfrutar del Parque Nacional de las Torres del Paine. Por motivos climatológicos, textiles y un largo etc. más, decidí no hacer la ruta w por el parque (4 días-3 noches), pero Arkaitz sí la hizo. Por lo que pasamos juntos el día para llegar hasta el increíble mirador de la Torres (la foto lo dice todo). Qué frescor que hacía allá arriba!


Desde la laguna Amarga, vislumbrando las Torres


Tirititirí

Tras disfrutar el día y quedarnos maravillados con las torretas, nos separamos con la incógnita de cuándo nos reencontraríamos. Al día siguiente cogí un eterno bus de 14 horas hasta Ushuaia, donde el bus pinchó la misma rueda en dos ocasiones, y me hice amiga de Tomimo, una japo muy majeta. Improving my english one more time. Y destrozada llegué otra vez a Ushuaia, 6 años después. Pasear por ella fue recordar mi primera vez por Argentina... aaaaaaay!!!

El hostel donde me hospedé estaba muy bien, con gente muy maja y un desayuno bueno incluido! así pasé 3 días en Ushuaia. Me acerqué con 3 eslovacas y 2 alemanes al Parque Nacional de Tierra del Fuego. Nos hizo muy buen día, poniéndose a llover justo cuando nos íbamos, ja!. Pero qué maravilla de día, 6 horas de caminata que me hicieron recordar los colores que proporcionan los árboles en la estación de otoño, que los tenían tan olvidados. Qué maravilla de amalgama de colores, de bahía, de montañas... de paisaje! disfrutándola prácticamente en soledad, ya que nos levantamos muy muy muy temprano para escaquearnos de pagar la entrada (nos encontramos con el guardaparque que después de hablar con él terminé diciéndole "ya, entonces usted no nos ha visto entrar no?" "") Lo pasamos muy bien, muy majetes todos ellos. Eso sí, hablando todo el día en inglés, a veces bien, otras a lo indio (jefe estar en Gran Cascada...), pero nos comunicábamos!







Y al día siguiente tuve la suerte de poder conocer la laguna esmeralda. Con un argentino (lo describiré como personaje "peculiar", porque no hay una sola palabra que pueda describir a este bicho raro - "ruaro ruaro ruaro", como diría papuchi-) del hostel con coche, nos acercamos hasta el lago escondido y a la laguna esmeralda. La primera ya la conocía, pero la segunda no... y era muy muy muy bonita!


Lago Escondido


Laguna Esmeralda

Y después de una experiencia pseudo traumática con este bicho raro (bueno, las lagunas merecieron haberlo aguantado!), me reencontré con Arcadio en Ushuaia! él hizo morirme de envidia con la ruta W, y yo le hice flipar con mi día con el loco argentino (mi intención como buena amiga era prevenirle de que... no se hiciera amigo de él "Yo no te quiero condicionar, conócelo si quieres pero... " jajajaja). Y así, de nuevo, nos volvíamos a despedir, porque me marchaba al día siguiente tempranísimo hacia Río Gallegos. Otras 12 horas de bus, y 4 paradas en las malditas fronteras Argentinas y Chilenas. Por Dios! la mitad de los sellos de mi pasaporte son de Chile y Argentina, voy a tener que pedir otro pasaporte... jajajaja.

Río Gallegos, ciudad infernal que me sirvió para descansar, ducharme y dormir. Y de nuevo madrugar para hacer dedo, con la intención de ir rumbo a Puerto Madryn. Y tuve más suerte que un tonto, ya que me cogió primero un tipo muy simpático que me llevó durante 2 horas hasta un pueblo, y en ese otro lugar tardé como 10 minutos en ser recogida por Carlos, un camionero muy simpático. Si no fuera porque mi aita no sabe conducir, podría haber sido él... porque me trató como a su hija. Me dio de su comida (debía de pensar que no tenía dinero ni para comer, porque me compró dos enormes alfajores y no hacía más que decirme que comiera, que me invitaba a cenar si tenía hambre, que me comiera todo su embutido, todo su pan. De hecho cuando me marchaba me regaló el resto de magdalenas, otro alfajor... jajajaja), hasta paramos a las 18:00 para tomar un café y magdalenas en el camión (XD). Y así del tirón me casqué 1100 km, 14 horas de viaje. El hacer dedo si sale bien es agotador, pero resulta agradable para charlar... y para hacer sesiones terapeúticas psicológicas a los conductores. 14 horas sirven para escuchar las vidas ajenas en prosa y en verso... muchas gracias Carlitos! muy agradable el viaje, muy bueno el matahambre, las magdalenas, el café solo (que no me gusta) ... "yo para ser feliz quiero un camiónnn"

Feliz de estar en Puerto Madryn antes de lo previsto, me tomé el día con tranquilidad para informarme de lo que podía hacer, y planear ir a ver a las orcas. Y por muy difícil que pareciera conseguir verlas, ya que no estaba garantizado el avistaje, pude contemplar durante una hora cómo 4 orcas merodeaban la orilla de la playa, mientras los lobos marinos yacían plácidamente sus cuerpitos al sol, desprevenidos de la presencia de sus depredadores. Como en un documental del National Geographic (un poquito de imaginación, hombre!!!) . Nos dijeron que tuvimos mucha suerte, ya que normalmente no se las veía durante tanto rato seguido...


Orcas merodeando


Mírales qué majas, acercándose a los lobos marinos...

También pude ver a una pequeña colonia de pingüinos magallánicos, muy majicos todos ellos, fiemando al sol, sin inmutarse frente a nuestra presencia...


Esos cuerpos serranos de los lobos marinos


"Qué asgutico se está al sol"


Así, feliz, emprendía de nuevo mi marcha hacia el norte. Una vez más me puse en la carretera a ver si alguna alma caritativa me llevaba... y encontré a otro camionero que me acercó hasta Santa Rosa, desde donde pude coger un bus a Córdoba. El día fue destroy total: 10 horas en camión, 3 de espera en la terminal de buses y 8 en el bus hasta Córdoba. El día de hoy no ha sido más que para comer y echar una siesta reconstituyente de esas que hacen historia (y de las que te levantas albardada perdida). Mañana de visita a un par de lugares cercanos a la ciudad y... a ver qué más me depara esta ciudad!


Y mientras espero el reencuentro con Arcadio en Buenos Aires de nuevo, tengo que confesar que... lo echo de menos un poquito (pero como él no leerá esto nunca, mi orgullo quedará intacto por el resto de mi vida, jajajaja). Nos vemos pronto en Buenos Aires Arcadio para una buena joda!!!! lo sabes!

sábado, 12 de marzo de 2011

De paseo por la patagonia

"Venga a Bariloche y todo su dinero derroche" . De este modo bauticé a esta ciudad con la que volvíamos a entrar nuevamente a Argentina. Ciudad sin mucho que ver, con unos precios escandalosos para todo, pero con unos alrededores muy bonitos. Junto al Parque Nacional Nahuel Huapi, por el cual hicimos una excursión en bici de unos 33km, si mal no recuerdo, bordeando lagos y paisajes muy bonitos.


Lago Nahuel Huapi

Bariloche tenía muchas cosas por ver, pero el coste de las excursiones hacía que te decantaras por bien pocas y decidieras huir del lugar. Así que acertadamente decidimos ir a ver el cerro Tronador, al cual se llega por un paseíto entre un bosque. Mientras hablábamos de relativismo (en ocasiones nos da por conversaciones filosóficas) nos cerró la boca de un tortazo la vista que nos encontramos así de golpe. Una enorme pared sobre la cual reposaba el glaciar del cerro Tronador, cuyo nombre le viene del sonido que sale del glaciar cada vez que éste se enfada. Tuvimos la suerte de oirlo tronar (o rugir.. la cosa es que el cielo parecía que se iba a caer sobre nosotros) en 3 ocasiones, y ver 2 desprendimientos, con las sucesivas hostias de los hielos sobre la pared... increíble.


Cerro Tronador

Con unos argentinos que Arkaitz conoció, subimos by the face (and by car) hacia San Martín de los Andes, con intención de acceder al Parque Nacional Lanín, y ver de paso los "7 lagos" que hay de camino. El tiro nos salió por la culata. El acceso al parque, al ser ya casi temporada baja no era sencillo por escasez de transporte, así que decidimos sobre la marcha hacer noche sin más en ese pueblo tan prefabricado, turísticamente hablando, y probar a hacer dedo al día siguiente temprano, con el ambicioso objetivo de llegar a Esquel (como a 500 km). Hicimos dos horas dedo sin pena ni gloria, hasta que a una pareja chilena les dimos pena y decidieron cargarnos en el maletero de su pick up. Felices que nos acercaban hasta Bariloche, pasamos el día con ellos (y ya cuando comprobaron que éramos buena gente, nos pasaron al asiento delantero XD)

Tras hablar de la vida, de los modismos chilenos, del amor que profesaban a Pinochet y descubrir que los mapuches, son también personas (XDDDD) (bueno, era gente maja igualmente, jajaja), nos dejaron en la carretera en Bariloche, para seguir haciendo dedo hasta Esquel. Aquí ya no tuvimos suerte.. dos horas y no paraba nadie, hasta que milagrosamente pasó un bus que iba rumbo a Esquel.. así que levantamos la mano, pararon, pagamos y nos llevaron.

Y tras un duro día de viaje, llegamos de noche a Esquel. Pasamos un día de tranqui en ese pueblo que no tenía nada, y después emprendimos rumbo al Parque Nacional los Alerces. Acampando gratis en un camping (con baño pero sin ducha), a menos de 5 minutos del lago Futalaufquen, donde podías bañarte a una temperatura agradable y con unas vistas maravillosas. Ahí hicimos varias excursiones: al cerro Dedal, a los lagos Verde y Menéndez (donde pasamos el día con Fernanda, una argentina simpatiquísima)y al Arroyo cascada. Días tranquilos, en sintonía con la naturaleza.


Cerro el Dedal, lago Futalaufquen. PN los Alerces


PN los Alerces


Más de los Alerces

Y tras pasar volando los 3 días, llegó la hora de tomar el terrorífico bus a "El Chaltén", a unos 1100 km de distancia y con 24 horas de trayecto por la Ruta 40, así sin más. Decir que no fueron tan sufridas, ya que más de la mitad del viaje la pasé dormida en dos asientos... así que sólo fueron pocas horas de dura agonía.

Emocionada que estaba por llegar al Chaltén y sentir la pura esencia patagónica, bajamos del bus a las 00:30, con frío y lluvia. Mierda. Conseguimos un alojamiento (yo por mis santos ovarios que dormía esa noche en colchón) y al día siguiente lo tomaríamos de tranqui y pensar cómo nos lo montábamos en aquel lugar. El día amaneció gris feo, lluvioso y con un frío que sólo desaparecía cuando llevaba todas las prendas de ropa existentes en mi mochila (camiseta manga corta, manga larga, chaqueta, jersey, forro polar y chubasquero, eaaa). Día de mierda mierdísima, donde del cielo sólo veías las gotas y unas nubes grises. Pero lo pasamos bien con la gente del hostal. No te podías permitir el lujo de ir a tomar ni un chocolate caliente porque el pueblo era jodidamente caro (y eran dos malditas calles, no te daba ni para pasear).

La previsión meteorológica era que "mejorará el jueves algo. No creo que llueva. Lloverá por la mañana pero a la tarde bueno. Mañana hará un día de mierda, para qué te voy a mentir. Mañana jueves mejora, y el viernes mucho mejor". Así que después de las múltiples opiniones que nos dieron sobre el tiempo, decidimos el jueves ir al Cerro Torre con peor tiempo, y el viernes al Fitz Roy. Y bien, el jueves amaneció feo gris, pero percibías los rayos del sol! hasta trocitos de cielo azul en el cielo. Así que nos calzamos las zapatillas y vestidos, emprendíamos la marcha con la esperanza en la mochila metida. Pero visto el tiempo, la esperanza se piró por patas diciendo "aquí os quedáis pringaos". No nos llovió prácticamente nada en el camino (una excursión bastante tranquila de 3 horas de ida), pero el cerro Torre estaba tras unas nubes grises, que terminaron dando al lugar una similitud a Mordor. No obstante, nos maravillamos con el glaciar del Torre y la laguna Torre con sus pequeños icebergs. Paseamos un ratico por los alrededores, con la esperanza de que despejara algo. Ilusos. Lo único que cambió fue el viento, que pasó a huracanado en cuestión de minutos. Os juro que pensaba que me iba a mandar a tomar por el orrrrrto.



Tras las nubes, el cerro Torre se encontraba...

Mientras me agachaba por el suelo para no salir despedida en una de las ventoleras me preguntaba "y si salto al aire, me llevará hasta el Chaltén?", os juro que en la vida había sentido nunca antes esa potencia en el viento. Cabizbajos nos volvimos al Chaltén de nuevo. Lo pasamos bien, una paseíto agradable, pero no conseguimos ver al cerro Torre. Lo que nos dejaba como esperanza el día de mañana. Como mejoraba, pensamos en que si hacía el suficiente buen día, iríamos primero al Fitz Roy y volveríamos al cerro Torre para verlo sí o sí.

Y al día siguiente amaneció un día espectacular-espectacular. Así que la esperanza se metió solita en la mochila contenta diciéndome "venga, arréa que esos dos nos esperan". Emprendimos contentos rumbo al Fitz Roy. Visualizábamos su silueta tras una ligera nube blanca, pero se veía. En el camino conocimos a Alicia y a Maite, dos vascas más majas que la hostia (XD) con las que terminamos pasando el día. Decir que de lo mejor que nos pasó en la ascensión fue habernos encontrado así sin más, de golpe a Iwona y Piotrek, nuestros queridísimos polacos! otra vez la vida hacía posible volvernos a encontrar, si ya lo sabía yo!

Y tras la emoción del reencuentro, llegamos. No tengo palabras para describir lo que fue la llegada al Fitz Roy. Una pendiente pedregosa de una hora era lo que nos faltaba, y ya perdimos la vista del Fitz Roy. Y de repente, se iban viendo las cimas.. hasta que así sin más, el cerro te fulmina las retinas diciéndote de manera imponente "aquí estoy". Y mientras se te abre lentamente la boca, no te ha dado tiempo para darte cuenta de que te acabas de cagar encima. Bestial, brutal, maravilloso. El Fitz Roy es una mole que te deja sin palabras, a la cual no puedes dejar de mirar, hipnotizada por su belleza. Almorzamos allá los 4 frente al Fitz y a la laguna 3. Y cada vez que lo contemplabas, te quedas absorta por esa maravilla del mundo.


Primer encuentro con el señor Fitz Roy


Sin palabras...

El día seguía bueno y como nos quedaba una caminata maja hasta el cerro Torre, decidimos ponernos las pilas y abandonar aquel maravilloso lugar, para ir en busca de otro. Era el día! caminamos 3 horas más hasta llegar de nuevo al sendero que ya habíamos conocido el día anterior. Y ya según miramos en la dirección correcta se vislumbraba orgulloso el cerro Torre, dejándonos disfrutar de su belleza. Caminamos hacia él, viendo cada vez como aumentaba en tamaño según nos íbamos acercando. Y por fin llegamos a la laguna Torre, donde en la práctica soledad disfrutamos del Torre para nosotros. Precioso.


Por fin con el cerro Torre

Y como ya estábamos apurándole mucho a las horas de sol, con penita decidimos volver al Chaltén. A cada rato volvía a girar la cabeza para contemplar toda aquella bestialidad. Hasta que definitivamente, tuvimos que despedirnos del Torre y del Fitz. El día había sido duro, muy duro. 12 horas en total, y aproximadamente 10 de caminata. Pero lo volvería a repetir para contemplar todo aquello sin duda...

Molidos regresamos al hostal, donde volvimos a encontrar a nuestros polacos del corazón, con los que volvimos a ponernos al día con nuestras vidas, nuestros viajes, comida y risas. Y ya a las 12 de la noche todos muertos decidíamos volver a sobar. Yo estaba más muerta que viva, y al día siguiente nos levantábamos temprano para ir hacia el Calafate. Decidimos hacer dedo para evitar pagar el pasaje... y como tenemos más suerte que un tonto, en 5 minutos nos levantaron dos ingleses que llevaban coche y nos trajeron hasta el Calafate. Y aquí andamos. Reencontrándonos de nuevo con Polonia y mañana ir rumbo al Perito Moreno, otra vez más.

Maravillada con estas tierras que te dejan sin palabras y hacen que te entren ganas de llorar de ver tanta cosa bonita...

jueves, 24 de febrero de 2011

Por Chile, entre la región de los lagos y Chiloé

En cuestión de segundos eliminamos a Temuco del itinerario y emprendimos rumbo a Pucón. La lluvia nos dio la bienvenida con mucho gusto, para así poder comprobar el grado de impermeabilidad de nuestra carpa, dejando claro que tiene pequeñas fugas pero sin mayor importancia.

Pucón es un pueblito megarecontraturístico (me gustaría poder ponerle más prefijos para indicar la cuantía del visitante) que hace que te repela sobre la marcha un poco por la cantidad de gente que hay, pero los alrededores merecen la pena sin duda. Además pudimos volver a coincidir con Eylín, quien estaba con una pareja (Rodrigo y Cote) y el hijo de ella (Martín! obesoooo jajaja). Muy amablemente nos acogió en el jardín de su casa, donde pudimos acampar y pasar varios días en la agradable compañía de estos 4 majísimos chilenos. Nos acercamos a Lican Ray, el Parque Nacional Huerquehue (toda una aventura ir con silleta de niño, jajaja), a las termas Los Pozones (donde me cocí cual huevo en unas aguas hirviendo), a los ojos del Caburgua (aaaaah! qué maravilla de lugar, una pena no poder bañarse en esas congeladas aguas de colores) y al Parque Nacional Villarrica (donde el día salió nublado y no pudimos ver más que 5 minutos al volcán Villarrica).

Todo increíble! la estancia, las cenas (que eran como para alimentar a todo el pueblo, jaja), los paisajes y la compañía. Muchas gracias por todo!
a ver si podemos encontrarnos en las Torres del Paine Eylín!


PN Huerquehue. Volcán Villarrica de fondo


Cociéndome en las termas


Ojos del Caburgua


Con Eylín en el PN Villarrica


Vislumbrando el lago Villarrica


Por fin te dejas ver, maldito!

Tras Pucón emprendí sola a Puerto Varas. Arkaitz decidió ir a dedo y como anunciaban lluvias, yo pasaba de mojarme mientras esperábamos a que nos cogieran. Supuestamente nos encontraríamos en el pueblo después, pero debido al sueño profundo de Arkaitz y a que no le cogieran a dedo (le faltaba la hermosa joven que haría parar a cualquier coche, es decir, yo.. quién sino?), pues se tuvo que quedar otro día más en Pucón, y terminar viniendo en bus. Así que disfruté de las maravillas del lugar en soledad. Puerto Varas es un pueblito con herencia germánica, debido a las colonias alemanias que hubo tiempo atrás. Pueblito bastante agradable, a orillas del lago Llanquihue y con la espectacular vista del volcán Osorno. Precioso! me tiene absorta ese maldito volcán.

Me acerqué también a Frutillar, otro pueblito a orillas del mismo lago, con la misma herencia germana y con vistas a ese maravilloso volcán nevado. Lugar muy tranquilo y majico, donde ponerse hasta el culo de alfajores, Kuchen (tortas de miles de sabores), Cuchuflis (canutillos rellenos de manjar) y empanadas.


Frutillar

Y ya una vez reunido el equipo en Puerto Varas, marchamos a ver la laguna verde (que parecía una maldita poza de agua estancada más bien..), los saltos de Petrohué (lugar espectacular-espectacular. Precioso. Las vistas del río tenían un color impresionante) y el lago "Todos los santos" donde hicimos una caminata para poder tener unas vistas increíbles del lugar.


Saltos de Petrohué y el volcán Osorno


Lago Todos los Santos


Mi amado volcán y yo

Después proseguimos hacia Chiloé. Llegamos a Castro, donde nos hospedó en el jardín de su casa una familia majísima. Allá conocimos a 4 chilenos y una chica de Almería.. majísimos todos. Pasamos con ellos el día, alquilando una barca para dar un mini paseo y después cenamos "curanto" (un plato muy contundente de papas, longaniza, tomate con cebolla y maldito culantro, pollo, mejillones del tamaño de la palma de mi mano y almejas), un plato típico de la zona, cocinado por uno de los hombres que nos hospedaba. Muy rico y muy agustico la cena, la verdad. La familia entera es majísima y además había dos chuchos molones (China y black). Hicimos tan buenas migas con ellos que nos alojaron en una "habitación" por el mismo precio (un colchón blando que te levantabas al día siguiente con dolores cervicales) las dos últimas noches, y ya la última diciéndonos que si nos quedábamos más días ya ni pagábamos, que éramos amigos, jajajajaja. Increíbles!



Desde Castro nos acercamos al Parque Nacional Chiloé y la isla de Quinchao, donde vimos los preciosos pueblitos de Achao y Curaco de Vélez, con esas casitas tan típicas y bonitas de Chiloé...


Y tras 4 días en Castro, nos hemos venido al norte de Chiloé, a Ancud, desde donde pretendemos acercarnos hoy a una pingüinera con suerte (sino otro día), y mañana ir a Duhatao, lugar del que nos han hablado maravillas.

Con Chiloé como última parada chilena, nos vamos despidiendo de este caro país (aunque volveremos!), para en cuestión de pocos días volver a la enorme y maravillosa Argentina, la cual nos queda tanto por ver todavía. Y con muchas ganas de recorrer otra vez más la patagonia...sí po, cachay?

jueves, 10 de febrero de 2011

De vuelta en Chile, cachay?

Conseguimos llegar a Mendoza con 6 horas de retraso. El maldito autobús que salía a la 1 de la mañana no llegó hasta las 7 de la mañana a la terminal debido a algún problema técnico, lo cual hizo que tuviéramos que pasar las horas tirados en la calle, intentando conciliar el sueño sobre las mochilas. Yo conseguí echar una cabezadita a costa de crearme una hernia discal. Qué más le podía pedir a aquel día, cuando horas atrás el almuerzo me sentó mal y terminé vomitando 3 veces en el centro comercial contiguo a la terminal (la tercera, dentro de una papelera... es lo que tiene no llegar al baño. Eh! pero con mucho arte, sin ensuciar!) y además, tener que esperar 6 horas más... sin contar con las 14 horas de viaje que nos aguardaban.

Pasamos casi una semana en Mendoza, esa ciudad donde se hizo el sol. El calor insoportable hizo que las ganas de ver la ciudad fueran nulas (dicen que había una parque bonito, pero nunca lo conocí jajaja) y no pisáramos prácticamente la ciudad. Mucha vida de hostal, amando a Luca (el perro loco del hostal) y hasta cenando un día con la gente del hostal una paella que se curró Arkaitz (que sin mi indudable ayuda removiendo no hubiera podido hacerse realidad). Cómputo de horas dormidas en el hostal de unas 5 diarias, ni con ventilador se podía! pero mereció la pena enormemente. Nos reencontramos con los franceses que conocimos en Cafayate (con los que fuimos a un par de bodegas a degustar vino... mmmm) y con mis amados polacos, Iwona y Piotrek. Qué bueno volver a veros, nos volveremos a ver de nuevo por Argentina, así tiene que ser (ALE ZUCAAAAA! jajaja). Sin olvidarnos de ese gran reencuentro con Sherpa y dos de sus amigos (Dani y Miguel).. qué bueno haberte visto! somos más chulos que un ocho quedando en Argentina. No nos vemos apenas allá, pero quedamos en Mendoza, jajajaja. Suerte con el ascenso del Aconcagua! nos vemos por Villanua!



En el camping con Iwona y Piotrek, haciendo la cena


Reencuentro con Sherpa... Gora Villanua!


La súper paella hecha en parrilla XD

Y también conocimos a 3 argentinos relocos (Lucas, Matías y Diego) con los que pasamos un día en las termas de Cacheuta. Y después terminamos con ellos en Uspallata, un pueblito sin mucho que decir y donde estrenamos nuestra tienda de campaña (la cual compramos para economizar el viaje porque.. madre el precio de los hostales). Grandes! nos vemos por Buenos Aires a la vuelta!


En Uspallata con Lucas, Diego y Matías

Siendo Uspallata nuestro último destino en Argentina (por el momento), nos dirigíamos rumbo a Chile con la idea de hacer dedo hasta Santiago de Chile. Así que anduvimos a la mañana siguiente 2 km rumbo a la aduana, donde había cientos de camiones, esperando (deseando, anhelando...) que algún solidario camionero, de esos que brillan por su bondad y buen hacer, nos transportara hasta la capital chilena. Y fue de este modo como apareció Claudio en nuestras vidas, cual ángel descendiendo del cielo bajo un rayo de sol y un halo de luz sobre su cabeza. El tipo nos llevaba hasta Santiago así sin más de buena onda. Claudio, nuestro salvador, nuestro camionero particular transportador. Además de ser un tipo recontrasimpático, se enrolló muchísimo, parando a mitad del trayecto para sacar unas fotos al Aconcagua, sin olvidarnos que terminamos comiendo en su casa. Claudio, te profesaremos amor eterno por el resto de nuestras vidas!!!! muchas muchas muchas gracias por todo. Y hacer público que viajar en camión... CHANA MOGOLLÓN



Con el Aconcagua de fondo


Rumbo a Chile en el camión...

Y de este modo tan peculiar y molón llegamos a la gran urbe. Y según bajamos del camión fue decir "noooooooooo más calor nooo". Qué calor hacía par diez! pero al menos, las noches eran frescas y se podía dormir a pierna suelta (hice duros intensivos para recuperar las horas de sueño maldormidas que llevaba sobre la mochila). Santiago a mí no me dijo nada en especial...y lo bueno fue que pudimos reencontrarnos con Eylín (a quien conocimos en la isla del sol, en Bolivia), día en una piscina by the face, para terminar contemplando el atardecer santiagueño con unas papas y unas chelas en un mirador... muy copado! un gusto Eylín haberte encontrado de nuevo.. nos vemos en Pucón, seguro!

Después yo huí (porque no tiene otro nombre mi acto) hacia Valparaiso, y Arkaitz se quedó dos días más en Santiago. Decir que Valparaiso es precioso! me ha encantado. Declarado Patrimonio de la Humanidad (y con motivo), con casas preciosas multicolores, habitada por miles de millones de gatos (sabíais que los gatos provienen de Valparaiso?), donde las paredes hablan y una pasea maravillada mientras lo recorre. Como para quedarse a vivir aquí! mención especial a La Sebastiana, la casa donde vivió Pablo Neruda. Maldito poeta, yo quiero una casa así!


Valparaiso


Valpo in my heart!



Y para seguir dejando libres nuestros sueños, por un momento pensamos en poder llegar a la isla de Pascua desde Valpo, a través de un barco de la armada por un módico precio, por lo que nos dijeron. Pero allá se quedaron nuestros sueños, junto al piso. La isla de Pascua para quien pueda pagar el pasaje. El resto de mortales nos contentaremos con una réplica accesible en el puerto de Valpo de un Moai.Con tiempo, la hora y día exactos, con el contacto preciso, tal vez se hubiera podido realizar, pero... no importa. Y como esta aventura no es estática y los imprevistos (posibles productores de simples frustraciones por no llevar a cabo algunos deseos) a veces suceden, decidimos proseguir con nuestro camino rumbo a Temuco.


Moai bateko...

Y en un abrir y cerrar de ojos me digo "cuánto llevo viajado a mi espalda y qué rápido ha pasado". Sin darme cuenta de todo lo que he visto, vivido, conocido.. pero frotándome las manos por todo lo que se avecina.

El periplo continua...

martes, 25 de enero de 2011

Ché boludo, vi'te?

Abandonamos San Salvador de Jujuy y nos pusimos rumbo a Purmamarca. El festival reagge de Tilcara nos llamaba a gritos y allá fuimos. Purmamarca era un pueblito muy bonito y tranquilo, donde quedarse a pasar varios días sin problemas, a pies del bonito cerro de los 7 colores, que a mí desde hace tiempo me tenía prendada y lo conseguí ver por fin.


Cerro de los 7 colores

Desde Purmamarca nos acercamos hacia Tilcara, otro pueblito donde estaba el famoso festival. Como en tiempos de la juventud, nos pertrechamos de un mal vinacho y cocacola... y se hizo la luz! Kalimotxo instantaneo al viejo estilo pamplonica. Era como estar en un Nafarroa Oinez... gente por todo el pueblo, vinocervezaronfernet, baños portátiles (pero aceptables) y una área grande donde escuchar la música, hablar y bailar. Conocimos gente muy maja, desde con quienes compartes conversaciones interesantes, los peculiares para darles de comer aparte y quienes te intentan robar el vaso cuando se han acabado ya todos... pero lo pasé muymuymuy bien. Como para repetir, sin duda.

Con un poquito de pena abandonamos después Purmamarca, y fuimos rumbo a Salta. Ciudad que no tiene nada en especial más que calor, calor y calor. Y conseguí por fin comprarme zapatillas! quise hacerles a las viejas un bonito funeral, pero no me daba el presupuesto. Os llevaré siempre en mi corazón... (agur eta ohore!)



De camino a Cachi

Para seguir con la ruta por el norte de Argentina, proseguimos hasta Cachi, un pueblito blanco, bonito y muy tranquilo también. Nos alquilamos unas bicis para dar un paseo por los alrededores y huimos del festival que se avecinaba... más por mí que por el deseo de Arkaitz. Y fuimos rumbo a Cafayate. No había transporte directo Cachi-Cafayate, siendo la forma más segura retroceder a Salta y de allí, coger un bus a Cafayate. Pero preferimos jugárnosla y ver la que se avecinaba. Cogimos un bus hasta Molinos, desde donde tendríamos que conseguir por nuestra cuenta transporte (ya fuera a dedo o por alguien del pueblo) para atravesar los 50 km, por lo menos, que nos separaban hasta Angastaco. Desde allá todo sería más fácil para llegar a Cafayate. Yo cruzaba los dedos para que aquella ida de olla que habíamos tenido no saliera como el día de Tilali ("Tilali 2 a la argentina" no no noooooo.. antes muerta que sin silla).


Cachi

Nos pusimos a hacer dedo junto a una pareja de franceses muy majetes, y tuvimos más suerte que un tonto, porque nos cogieron en menos de una hora. Y aquí se hizo el espíritu viajero, qué sentido tenía venir a Latinoamérica para que te transporten en el asiento de atrás de una pick up?. "Os importa viajar detrás con todas las maletas?". Así que Arkaitz y yo nos metimos en el maletero con el equipaje de los del coche,
de los franceses y nuestras mochilas(los navarricos somos la mar de majos y dejamos a los franceses ir sentados como personas en el asiento trasero).

Disfrutando del paisaje árido, con el pelo bailando al viento y sonriéndole a la vida porque lo habíamos conseguido. Suena bien? bueno, eso debiera haber sido. La realidad fue que tuvimos que hacer el tetris con las maletas para poder ubicarnos, comiendo todo el polvo que levantaba la pick up en el camino árido y yo terminé mareadísima. Juro que pensé que iba a vomitar pero al menos pensaba "bueno, me basta con sacar la cabeza y echar la pota en el camino.. no mancharé nada". Hubiera sido divertido que hubiera sucedido mientras adelantábamos a los coches que no nos cogieron a dedo.... una justa venganza que nunca sucedió.


Listos para morir en el maletero...

Pero mereció increíblemente la pena. Nos acercaron hasta San Carlos (a sólo 20 km de Cafayate) y paramos a ver un rato el precioso paisaje que rodeaba Angastaco. Brutal. Lo mejor fue cuando salieron todos del coche y se reían todos de mí porque tenía más arena encima que el desierto del Sahara.. a eso se le llama "morder el polvo"


Saharaui feliz de conocer Argentina


Paisaje de Angastaco

Y desde San Carlos cogimos un "remis" (un coche al que le pagas y te lleva al fin del mundo) hasta Cafayate. Para celebrarlo a lo grande, nos fuimos a cenar con los franceses y terminamos bebiendo vino del lugar... y tanto nos gustó, que dejamos a Cafayate sin vino "pecado". Al día siguiente pensábamos ir a las bodegas de vino que hay en el pueblo, a degustar by the face vino.. pero mi resaca me dijo "y un huevo". Así que lo pospusimos para otro día.
..

Cafayate me enamoró. Tanto por la tranquilidad, los alrededores increíbles que tiene y por la gente que conocimos, que lo pasamos muy bien. Visitamos la quebrada de las conchas, un lugar increible de preciosas formaciones rocosas de muchos colores... me encantó (no tanto el sol que abrasaba como si fuera a dejar de brillar por siempre)


La Punilla



La punilla



Los castillos







Mirador 3 cruces

También me acerqué a los medanos. 12 km a pata entre ida y vuelta para poder pasear en total soledad por las dunas. Eso sí, bien pertrechada por dos perros (Pulgas y Garrapata para los amigos)... todo majos cuando me vieron se me acercaron y me acompañaron en toda la aventura.


En los medanos

Por último, hicimos la excursión de las "7 cascadas" (en la que sólo se pueden ver 3, por qué estafan?). Un paseo de tranqui en busca de cascadas. Bonito. Y lo mejor, la lluvia que nos pilló de vuelta. Al menos esta vez no terminé escurriendo mis bragas...



Última cascada

Y lo mejor de este lugar? nuestro alojamiento con una familia, que tiene un "jardín" enorme donde se puede acampar. Se asemeja bastante a una granja por la cantidad de animales que hay. 6 perros (una en celo... festival del humor!!!!), 5 gatos y gallinas.... brutal! y nuestra habitación.. asemejándose a un zulo, jajajajaja.

Ahora estamos en Tafi del Valle (un pueblito rodeado de verdes montañas) y mañana partiremos rumbo a Mendoza, donde en teoría me junto con Sherpa... un colega de Villanua. Así que con muchas ganicas... una triunfada vamos!

Argentina... cuánto amor le profeso!!! Por sus empanadas, alfajores (bárbaros) y por sus argentinos (con sus mates como extensión de la mano). Como para quedarse a vivir en este país!